Reflexiones sobre la comunicación
Sunday, March 15th, 2009En 1837, por 1º vez en la historia de la humanidad, la comunicación rompe las barreras psicológicas del espacio y del tiempo. El descubrimiento del telégrafo que raramente es citado en nuestros libros escolares, que dan más importancia a las guerras y a las victorias militares de los respectivos caudillos, que a los triunfos comunes de la humanidad entera, supuso un cambio extraordinario en la manera de concebir el mundo. Podemos decir que este fue el verdadero principio de la era de la comunicación global.
Sin embargo, la comunicación es en sí mucho más simple que todas las redes e interconexiones globales que puedan existir. En esta primera conferencia me voy a intentar mover en el ámbito más básico de la comunicación.
Para ello os quiero formular una pregunta: ¿Qué fue antes el lenguaje o el pensamiento? Muchos de vosotros pensareis que sin duda fue antes el pensamiento que la palabra. Lo cierto es que no se la respuesta. No obstante, intentaré que os reformuléis vuestra respuesta con otra pregunta: ¿Qué fue antes el pensamiento o la necesidad de comunicación? Aquí no me cabe ninguna duda de cuál sería mi respuesta, la necesidad de comunicación del ser humano tuvo lugar antes que el pensamiento. Los animales no piensan y sin embargo se comunican. Esto sitúa a la comunicación como un instinto que necesariamente fue primero que el pensamiento.
El humano como animal se diferencia del resto por su capacidad para razonar. El razonamiento es imprescindible para llevar a cabo el acto de comunicación correctamente. Sin embargo en mi opinión, la razón es el resultado de siglos de evolución en el ámbito de la comunicación.
Para llevar a cabo el acto de comunicación interpersonal más simple son imprescindibles tres sucesos que han de darse de forma consecutiva. 1º utilizar los oidos para escuchar, 2º utilizar el cerebro para procesar la información y crear una respuesta, y 3º utilizar la boca para dar una respuesta razonada. Si no se sigue el orden de estos sucesos el acto de la comunicación resulta inútil.
Este error de conexión suscita el hablar por hablar. Quedando así el hablar en una posición más fácil, sin sentido, insignificante, impersonal… En conclusión sin conocimiento de causa… Olvidando así, que para comunicarnos no son necesarias las palabras.
Aristóteles decía “el sabio no dice nunca todo lo que piensa, pero siempre piensa todo lo que dice”.
Oír sin escuchar es una carencia propia del espíritu aristocrático, es propio de individuos que creen que los demás les deben rendir pleitesía…
Por otro lado, hablar por hablar, es un acto de imprudencia, es faltar al respeto a tu interlocutor, es ser siervo de tus estupideces…Hablar sin pensar es propio de los loros.
No puedo concluir mucho más, porque al tiempo me remito. Pero si os puedo decir una cosa: Hablar de lo incierto utilizando el razonamiento es a ciencia cierta el ejercicio que más me entretiene.